Finalmente, no podemos menospreciar el efecto positivo del rol creciente de la sociedad como observador y evaluador de la acción del gobierno. Si bien es verdad que existen mecanismos formales de contraloría de la función pública, su diseño normalmente los limita a dar seguimiento a las variables de proceso (aplicación del gasto, control de la corrupción, avance de programas) con poco énfasis a los resultados finales y el beneficio de la población. En inglés se distingue muy claramente entre estos dos conceptos: no es lo mismo los productos del proceso (‘outputs’ tales como el número de nuevas escuelas) que resultados efectivos (‘outcomes’ tales como la calidad y la cobertura de la educación).
Desafortunadamente a los gobernantes no les gusta ser evaluados ni les gusta recibir recomendaciones ni sugerencias. De esta manera pierden, y perdemos todos, la oportunidad de cumplir su función de servidores públicos a plenitud.
No olvidemos, podrán dividirse las tareas pero la responsabilidad es de todos. Un gobierno sin sociedad es tan malo como una sociedad sin gobierno.
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