La realización de una visión es ya de por si difícil a nivel personal pero, cuando se trata de la visión de un grupo o comunidad, la complejidad crece matemáticamente con el número de personas involucradas. En ocasiones, se dice medio en broma, en un grupo pueden existir más visiones que participantes. Es aquí donde se encuentra el primer gran reto de una acción comunitaria: el contar con una visión compartida. No debemos, sin embargo, pretender que esta visión deba ser monolítica, basada en una sola idea central o en un número reducido de ideas. Si fuese así, lo más probable es que sería atractiva y motivadora sólo para un reducido número de los integrantes del grupo. Para que la visión funcione como tal, es importante que todos y cada uno encuentren algo que ganar en ella.
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