¿AGRONEGOCIOS O AGRICULTURA FAMILIAR?: DILEMAS DE UNA FALACIA

A continuación una nueva contribución de Marcos Fava Neves en torno a la clusterización de pequeños productores del campo.

Una importante discusión es tratada en el mundo y se refiere al conflicto entre la agricultura familiar y las grandes empresas agrícolas, también llamadas de “Agribusiness corporations”. Algunos críticos opinan que los pequeños agricultores serán “exterminados” debido a una competencia desigual frente a las grandes compañías.

Ante esta posición es importante recordar que el “agronegocio” está definido como un sistema que integra operaciones de producción y distribución, es decir, no solo actividades agrícolas dentro de los predios sino también el traslado, almacenamiento y procesamiento de materias primas. Davis y Goldberg, de la Universidad de Harvard, fueron los primeros en utilizar esta definición en 1957 y ellos nunca diferenciaron entre pequeñas y grandes empresas, tampoco entre agricultura familiar o compañías agrícolas. Por lo tanto los críticos están confundidos. No se trata de acabar con la pequeña agricultura, sino de ofrecerle oportunidades para comprar y vender de manera eficiente en el contexto global, ese el reto de una agroindustria bien estructurada.

Muchos investigadores sostienen que el mayor reto de los pequeños productores es encontrar los mecanismos para agregar valor y generar productos de alta calidad en nichos de mercado con baja volatilidad de precios. Esto ya ocurre en varias partes del mundo, por ejemplo con los ganaderos de Suiza y con los caficultores de Etiopía. Ellos han logrado éxito a través de la diferenciación, vendiendo productos con mayores precios a grupos de consumidores específicos. Los productos orgánicos y ‘fair-trade’ representan claramente esta tendencia.

Independientemente de los productos, los nichos de mercado eligen como proveedores a productores cada vez más pequeños; esto está respaldado por una fuerte capacidad de marketing. Justamente cuando las grandes empresas y ONǴs (como Rainforest Alliance o Agro Fair) abrieron sus ojos a nichos comerciales, la producción creció rápidamente.

Los gobiernos de países desarrollados han gastado grandes recursos en estructurar la producción de pequeños agricultores, regularizar la propiedad de sus tierras y brindarles capacitación y financiamiento. Si bien se han registrado éxitos, lamentablemente el porcentaje de fracasos es mucho mayor, sobre todo porque la mayor parte de la ayuda no estuvo bien planificada. Esto es evidente con la incursión de pequeños productores en cultivos de poca coordinación, donde la oferta ya era mayor a la demanda.

La idea de desarrollar el nivel de vida de la población rural es muy atractiva, especialmente cuando los países están produciendo monocultivos a gran escala, empujando la población a las ciudades. De allí que la producción de materias primas para biocombustibles ocupará gran parte de las tierras cultivables en el mundo. En ese sentido, a pesar de que la eficiencia económica y la especialización representan retos, esto no significa que debemos detener la discusión de nuevos modelos de negocios o dejar de atender las crecientes expectativas sociales.

En todas partes del mundo se siguen implementando proyectos para articular pequeños productores a los sistemas de agronegocios coordinados, dándoles oportunidad de dejar los cultivos de subsistencia y vender no sólo en mercados locales, sino también para la industria nacional y global. Esta visión viene ganando aceptación debido a la creciente preocupación por la sustentabilidad social. Pero no todo es tan simple. Si bien una empresa procesadora que compra materia prima a pequeños productores está desarrollando su integración vertical y creando oportunidades comerciales, estos beneficios también pueden verse anulados por los altos costos de transacción, casi siempre transferidos a los productores. Recordemos que la atomización es la principal característica de la pequeña agricultura. Al respecto, es imprescindible la participación de agentes gubernamentales en la ejecución de proyectos viables y socialmente responsables. El Estado puede atraer más inversión a regiones específicas a partir de la mejora de servicios públicos y desarrollo de infraestructura logística. La visión de los beneficios no debe estar limitada a la generación de impuestos, también deben valorarse las externalidades positivas a través de transacciones coordinadas entre los participantes de las cadenas, ya sea hacia adelante (como distribuidores o minoristas) o hacia atrás (como proveedores de materias primas e insumos). El impacto final sobre la especialización de la mano de obra, el emprendedurismo y la asociatividad puede ser sorprendente. Comprender esto ayudaría a los productores en sus requerimientos a los políticos, y a los políticos a planificar sus agendas de trabajo.

Marcos Fava Neves, Ph.D. mfaneves@usp.br (Universidad de Sao Paulo, Brasil)

Bryan Manuel Julca Briceño, Mg. bmjulca@usp.br (Universidad de Sao Paulo, Brasil)

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