¿Asociarnos? ¿Para qué?

Uno de los atractivos de trabajar en una agencia multilateral es la oportunidad de interactuar con un gran número de países y culturas. Hay mucho aprendizaje en la comparación y contraste de condiciones y actitudes y  más se aprende de observar las estrategias que éstas dan origen. Pero tal vez el mayor aprendizaje provenga de descubrir las coincidencias, pues resultan de los comportamientos más cercanos a la esencia humana, que trascienden diferencias culturales en el espacio y en el tiempo.

Esta reflexión me la provocó el comentario de un buen amigo que, precisamente en misión de un organismo multilateral, visitaba Polonia no hace mucho. Como parte de un diagnóstico sobre programas de desarrollo económico, preguntaba a un grupo de empresarios sobre sus esfuerzos de asociacionismo.

¿Asociarnos? ¿Para qué?

La respuesta fue a la vez inesperada y predecible. Este grupo, como muchos otros, no había encontrado una razón práctica para asociarse. ¿Preferían jugarla solos?, ¿haría falta definir un objetivo común y un plan de acción concreto?. Me inclino por lo segundo, ya que en la respuesta no se cuestionaba el por qué de asociarse, sino el para qué. Era tal vez producto de una decepción acumulada.

¿Y en Latinoamérica?

Este cuestionamiento igualmente se da en Latinoamérica cuando se invita a las empresas a participar en un cluster. En el fondo, las empresas no ponen en duda las ventajas de asociarse e inclusive en ocasiones se lanzan a la aventura sin mucha reflexión. Hay ciertamente una inclinación natural a la asociación, presente desde los orígenes de la humanidad e implícita en la conformación de la sociedad y hasta de las mismas empresas. El problema viene cuando no se tienen los objetivos claros o cuando éstos no son compartidos plenamente.

Muchos empresarios hemos tenido experiencias negativas de esfuerzos conjuntos que arrancan con las mejores intenciones pero que pronto se convierten en tragos amargos y amistades perdidas. Algunas asociaciones se prolongan a pesar de esto, porque los participantes saben que en el fondo hay un beneficio de seguir juntos. En otros casos, la bomba explota temprano porque ni siquiera esto se percibe.

La clave está en el “para qué” y en el “cómo”

Las asociaciones y los clusters exitosos tienen claro desde un principio los resultados a lograr y los medios para lograrlo. En un esfuerzo participativo, definen objetivamente metas y estrategias. Sin embargo, también tienen cuidado de los “cómos”. Estos son importantes no sólo desde el punto de vista práctico de definir acciones y recursos necesarios, sino también de una justa y equitativa distribución de las tareas y las responsabilidades, para mantener así el espíritu de equipo a la que toda asociación debe aspirar.

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