La Triple Hélice y la Nueva Cultura Laboral

El concepto de la Triple Hélice está ya muy establecido. Esta alegoría usada para representar la coordinación de esfuerzos entre los sectores productivo, académico y gobierno es particularmente afortunada en transmitir los valores de unión, equidad, balance y dinamismo que deben caracterizarla.

En ocasiones el componente productivo se identifica solamente como el sector privado y se propone incluir un componente adicional para incluir a la fuerza laboral. Se separan así dos elementos de la empresa (inversionistas y trabajadores), planteando implícitamente un divorcio de intereses propio de otros tiempos.

Por otro lado, el involucramiento de los trabajadores en procesos de desarrollo regional, tales como los clusters, debe partir desde el seno de las propias empresas. Aún en la perspectiva más amplia de los sindicatos y confederaciones de sindicatos, en su empeño por buscar mejores condiciones de trabajo y bienestar de los agremiados, el esfuerzo no puede estar divorciado de las consideraciones económicas y de mercado que condicionan el actuar de las empresas. Por su parte los patrones y administradores no deben abandonar su responsabilidad por quienes dependen de su trabajo para vivir. Estas dos perspectivas no pueden manejarse en forma independiente y de aquí la necesidad de un planteamiento conjunto, el del Sector Productivo. Este planteamiento conjunto se facilita en el contexto de lo que se ha denominado la Nueva Cultura Laboral.

La reforma pendiente

En México la ley laboral data de 1973 y a pesar de repetidos esfuerzos no ha sido posible pasar una reforma legal. Pareciera como si alguien se beneficiara de esta inmovilidad que tanto afecta al país, a sus trabajadores y a los patrones. La Nueva Cultura Laboral fue una respuesta de COPARMEX (Confederación Patronal Mexicana) ante la necesidad de establecer nuevas bases de colaboración y diálogo entre trabajadores y patrones. En 1995, los esfuerzos de COPARMEX llevaron a la firma de un acuerdo con la CTM (Confederación de Trabajadores Mexicanos) con el objeto de iniciar una etapa de colaboración, basada en los nuevos valores y aptitudes que integrarían, en su conjunto, una Nueva Cultura Laboral.

A pesar de este acercamiento y de la puesta en práctica de estas nuevas ideas por muchas empresas y sindicatos, 15 años después, la reforma laboral sigue pendiente. La validez de sus preceptos, sin embargo, sigue vigente.

Nueva Cultura Laboral

Bernardo Ardavín* nos presenta de manera resumida las bases de estos acuerdos:

  • El fundamento que determina el valor del trabajo es, en primer lugar, la dignidad de la persona.
  • El trabajo humano tiene un valor ético y trascendente, además del económico.
  • El trabajo, que es el medio por excelencia para el sostenimiento propio y el de la familia, debe ser también un medio para el desarrollo integral de la persona.
  • El trabajo es fuente de derecho y obligaciones.
  • El lugar donde se desarrolla mayoritaria y preferentemente el trabajo es la empresa, comunidad donde confluyen trabajadores, directivos e inversionistas.
  • Para poder elevar el nivel de vida de la sociedad son necesarios la productividad, la competitividad y el desarrollo económico, los cuales deben permitir, además, una remuneración mejor para el trabajo.
  • Los esfuerzos por asegurar mayores beneficios a los trabajadores deben estar siempre en función de la situación económica del país y de las empresas.
  • Vivimos en un mundo económico globalizado. Esta realidad debe impulsar la competitividad a nivel internacional, y la creatividad, la inventiva e imaginación de todos; así como la responsabilidad social y la solidaridad.
  • La Nueva Cultura Laboral debe tener como sustento fundamental el diálogo de los sectores productivos, es decir, la concertación y la unión de esfuerzos entre las organizaciones sindicales y empresariales; la academia, y la sociedad organizada.
  • El problema clave de la ética social a cuya solución deben contribuir, conjuntamente, organismos empresariales, sindicatos y gobierno, es el de la justa remuneración de todos los factores de la producción, principalmente los trabajadores, en un marco de solidaridad y de justicia, procurando que se den las condiciones favorables para la generación de empleo digno y productivo.

Remando juntos

Para concluir, les comparto parte de un diálogo que tuve hace tiempo con un líder sindical. Me decía que no se trata simplemente de sentarnos a dialogar, uno a cada lado de la mesa. Una mejor figura es la de un bote de remos, en el que hace falta remar en ambos lados a la vez y con igual empeño, si se quiere avanzar derecho. Remar con mayor fuerza de un lado nos condena a movernos en círculos.

*www.fundacionpreciado.org.mx/biencomun/bc178-179-180/B_Ardavin.pdf

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