Revalorizando la improvisación

Improvisar. Se nos presenta como un último recurso ante un reto inesperado o como la respuesta imprudente de alguien que no está preparado. Normalmente no se le identifica como algo positivo ni como el comportamiento de un “experto” aún en condiciones excepcionales.

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El diccionario de la Real Academia Española presenta una definición  que deja ver sólo esta parte negativa de improvisar: “1. tr. Hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación”. En contraste, lo que tradicionalmente se promueve es la planeación y los procedimientos preestablecidos. Sin embargo, hay otra perspectiva que plantea la improvisación como una estrategia viable y, en ocasiones específicas, superior.

La planeación y los procedimientos ciertamente tienen una justificación muy válida, pero no son la panacea universal. Demasiada estructura congela la creatividad y la acción y hace perder las oportunidades. Después de todo, la vida se forma de pocas decisiones y muchas coincidencias. El truco es saber distinguir la diferencia entre unas y otras. Debemos siempre preguntarnos: ¿nuestro éxito es verdaderamente el resultado de nuestras decisiones y planeación o es más bien el resultado de que la suerte nos puso enfrente situaciones que nos permitieron lograr algo? En el siglo XIX, Horace Walpole acuñó el término “Serendipity” para aquellas coincidencias afortunadas que llevan a descubrimientos valiosos (por cierto que Wikipedia señala esta palabra entre las 10 más difíciles de traducir del idioma inglés).

El reto estriba precisamente en como aprovechar estas coincidencias para las que no estamos explícitamente preparados en cuerpo, mente y espíritu. Es aquí donde la improvisación hace la diferencia.

Para improvisar con éxito

Estas coincidencias requieren, ahora sí, una decisión. Pero es una decisión que implica seguir nuestro instinto y actuar sin mayores elementos aparentes. Tampoco es un juego de asumir riesgos insensatamente. Es una manera de actuar en el que dejamos expresarse a nuestra experiencia, fruto de las lecciones que nos ha dejado el enfrentar muchas situaciones similares. Con la experiencia se tiene ya una idea de lo que funciona y lo que no, y como las cosas pueden evolucionar para mejor o para peor.

La improvisación en muchos casos no sólo es la mejor sino tal vez la única alternativa cuando los planes preestablecidos dejan de tener validez. Pero no cualquiera puede improvisar con éxito. La improvisación exitosa requiere un conocimiento y dominio del tema.  Aún más, el conocimiento no es suficiente, hace falta un cierto tipo de sabiduría para Sigue leyendo