La presión del Corto Plazo

Afortunadamente, quienes estuvieron antes que nosotros no interpretaron el dicho de Keynes ”en el largo plazo todos estamos muertos” como una invitación a sólo preocuparnos por lo inmediato. De hecho, hay quienes leen en este argumento de Keynes una referencia a la poco probable alineación de todos los factores que llevarían a un ciclo económico ideal. De ser así, lo que recibimos de Keynes es un mensaje muy diferente, el de no confiarnos en que las cosas se darán solas y de ponernos a trabajar, hoy y todos los días, en el largo plazo que queremos para nuestras comunidades. Ésta no es una visión muy diferente a la de la metodología de la prospectiva estratégica que propone construir un futuro a partir de las variables que son controlables, propiciando el mejor escenario entre los posibles.

La presión del corto plazo

Hoy en día, sin embargo, ante abrumadores problemas de corto plazo, frecuentemente nos encontramos ante actitudes que descartan el valor de pensar en el largo plazo. Es el vaso medio vacío que vence al vaso medio lleno. Es el pesimismo y el sentido de derrota que atan nuestras manos y nuestras mentes. Es también una irresponsabilidad con las generaciones que vienen después. Es la peor versión de la tendencia a buscar la satisfacciones y los placeres inmediatos a costa de los beneficios de largo plazo que puede traernos el esfuerzo diario.

Algo de este tipo estamos viviendo en forma dramática en México, en particular en el norte, con motivo de los serios problemas de inseguridad que se han agravado recientemente. La tradición de una economía impulsada por los planes de líderes visionarios se ha visto quebrantada por la presión de trabajar reactivamente para restaurar la seguridad.

Ciertamente, es ésta una estrategia indispensable e ineludible.  Es la Mayor Prioridad en el corto plazo y un problema que condiciona la viabilidad de cualquier programa económico en el mediano y largo plazo. No es esto lo que se cuestiona. Lo que si se cuestiona es que se plantee actuar en forma secuencial, es decir, resolver primero el problema de seguridad y entonces retomar los programas de desarrollo económico. De hecho, ha sido bien diagnosticado que la falta de un desarrollo económico adecuado propicia la inseguridad. De aquí que trabajar en el corto y en el largo plazo simultáneamente son estrategias complementarias e inseparables.

Optimistas, pero no confiados

Ante los problemas de corto plazo, además de enfrentarlos en forma decidida, debemos unirnos entorno a una visión de largo plazo. Una visión que refleje el optimismo de que nuestros esfuerzos inmediatos tendrán resultados positivos y de que más pronto que tarde deberemos encontrarnos en la ruta del crecimiento de nuevo. No debemos esperarnos a entonces para ponernos a definir objetivos y estrategias de largo plazo. Necesitamos una visión que nos una más que problemas que nos detengan, pero no confiados en que las cosas se resolverán solas sino optimistas de que nuestros esfuerzos tendrán éxito.

Para cerrar, les dejo la imagen del padre de un buen amigo que a sus más de 80 años de edad se dedicaba a sembrar nogales, árboles que llevan de 8 a 10 años para dar fruto. Cuestionado sobre sus razones, su respuesta era simple y llana pero muy poderosa: “aún a mi edad es mi responsabilidad pensar en el futuro”.

 

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