Los retos después de 200 años: La década de América Latina

Respetando los diferentes criterios empleados por los países latinoamericanos para determinar la fecha de celebración del aniversario de su respectiva independencia, no es aventurado considerar el año 2010 como una buena ocasión para celebrar lo que podría llamarse el Bicentenario de la Independencia de América Latina.

Es momento también para preguntarnos que ha pasado con América Latina en estos doscientos años y que tanto hemos avanzado en el cumplimiento de los ideales libertarios y de bienestar comunitario. En contraste con prácticamente el resto de sus países hermanos, las circunstancias con las que México llega a sus 200 años de vida independiente han despertado posiciones extremas que cuestionan sí hay algo que celebrar. Es una posición que no comparto en lo más mínimo pues los avances en México y Latinoamérica son indudables como lo es, sin embargo, el hecho de que aún hay mucho trecho por recorrer.

Esto trae a mi mente el comentario de un empresario local cuando se le planteaba la celebración del aniversario de plata de un organismo empresarial. Ante los planes de escribir un libro y/o organizar una ceremonia formal de reconocimientos, su respuesta fue lacónica y práctica: “pónganse a trabajar”. Y en verdad, es trabajando por el progreso de nuestras regiones como mejor podemos celebrar estos primeros 200 años de nuestros países.

Las perspectivas para Latinoamérica son ciertamente favorables. Como resultado de la implementación exitosa de reformas, con ciertas contadas excepciones por cierto, la región ha enfrentado con holgura la reciente crisis económica mundial. Santiago Levy, economista en jefe del BID, lo define bien: “esto puede haber sido el examen final y la fiesta de graduación después de un largo proceso educativo para enderezar la política macroeconómica de la región”. Por su parte, en su edición más reciente (11sep10), The Economist presenta un reporte especial sobre Latinoamérica y la encabeza con una nota titulada “¿La Década de América Latina?” (www.economist.com/node/16964135).

The Economist lo presenta como una pregunta, pero no hay que ponerlo en duda ya que existen las condiciones y la motivación generalizada para hacer de ésta la Década de América Latina. En efecto, Latinoamérica se prepara para beneficiarse de un período de crecimiento sostenido, pero no está garantizado más que con la continuidad de nuestro esfuerzo desde cada una de las trincheras que nos toca defender.

Sin embargo, como practicantes de clusters y con responsabilidades en los diferentes ámbitos involucrados debemos preguntarnos si estamos haciendo lo necesario. Una revisión rápida de los retos que presenta The Economist nos dice que sí, por lo que nacen un par de preguntas más:

¿Estamos haciendo lo suficiente?

¿Estamos dando todo lo que podemos dar?

Los retos de América Latina

La lista de retos que presenta The Economist es larga y aún así probablemente se quede corta en número y magnitud. En algunos de ellos, el proceso de clusterización tiene una incidencia directa o bien juega un papel clave para mejorar el desempeño del sector público. En otros, su impacto es indirecto y de mayor plazo, pero en todos debe involucrarse de alguna manera.

Un programa exitoso de clusterización impacta en el ámbito de las empresas y por tanto atiende directamente los siguientes retos:

–       promover el crecimiento y la competitividad de empresas locales

–       profesionalización de la gobernancia de las empresas

–       aprovechar el surgimiento de empresas multinacionales de origen latinoamericano (“Multilatinas”)

–       abrir la competencia local a más empresas

–       mejorar la productividad en empresas grandes y pequeñas y en el uso de los recursos públicos y naturales

–       incrementar fuertemente la innovación en empresas e instituciones académicas

Por otro lado, a través de la participación del gobierno en los clusters, es posible influir para:

–       consolidar y completar las reformas orientadas a promover la economía de mercado

–       mejorar la educación

–       impulsar la reforma laboral

–       desarrollar mercados de capitales

–       consolidar el estado de derecho

–       mejorar el acceso y la disponibilidad de crédito y financiamiento

–       impulsar la simplificación regulatoria

Por último, a través de la creación del empleo y generación de riqueza, los clusters ayudarán para:

–       promover políticas públicas con mayor contenido social

–       desarrollar infraestructura con visión de largo plazo

–       disminuir la economía informal

–       promover el ahorro

–       mejorar los sistemas de salud y de pensiones

–       enfrentar el crimen organizado

–       consolidar los procesos democráticos, efectivos e incluyentes

–       profesionalizar el gobierno asegurando la rendición de cuentas

–       desarrollar el capital social y la confianza

–       mejorar la distribución del ingreso

Pero no podemos dejar las cosas al azar. Es necesario que ya sea en la planeación inicial del cluster o en su revisión periódica incluyamos estos temas, preguntándonos siempre como podemos incrementar y acelerar el impacto y los resultados.

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