La Innovación y la Vinculación emprendedora

Es una buena idea lograr la vinculación entre la academia y las empresas. Una muy buena idea. El problema es que muchas veces se queda en eso ya que en la práctica hay factores, algunos visibles y otros no tanto, que hacen difícil esta vinculación. En algunos casos los problemas impiden siquiera dar los primeros pasos. En otros, con más suerte en el arranque, fracasan en la implementación.

Y no es por falta de ganas. Ambas partes reconocen no sólo el atractivo sino también la necesidad de lograr esta vinculación. Las universidades y centros de investigación valoran el que sus conocimientos y productos de investigación se traduzcan en mejoras concretas en procesos productivos y productos. Por su parte, las empresas viven a diario la demanda de sus clientes por mejores productos y servicios, más innovación y mejores precios. Parecería que no hay mejor ejemplo de “juntar el hambre con las ganas de comer”.

Y sin embargo, no se mueve.

La falta de resultados satisfactorios es un problema muy complejo al que se la ha dedicado ya mucho estudio. Está fuera del alcance de esta nota presentar un análisis exhaustivo, pero si podríamos al menos hacer algunas reflexiones al respecto. No es aventurado afirmar que el problema nace de las diferencias entre ambos sectores en temas que caen en tres áreas:

Diferencias culturales – los empresarios que se acercan a las instituciones académicas y de investigación pronto resienten las diferencias culturales. Hay una diferencia en el lenguaje mismo que afecta la comunicación y la interpretación de los acuerdos y los compromisos asumidos. Pareciera, así mismo, que se manejan dos conceptos del tiempo. Para el empresario lo urgente es ‘para ayer’ y está dispuesto a sacrificar precisión por rapidez mientras que el espíritu científico promueve la búsqueda incansable por una mejor solución. El “largo plazo” también tiene implicaciones diferentes. El científico trabaja con perspectivas de años y hasta de décadas, mientras que tan sólo unos pocos meses pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte para una empresa. Paradójicamente, esto se traduce en que lo que para unos es un compromiso con la verdad, para los otros no es más que una falta de compromiso con los resultados.

Diferencias institucionales – El entorno institucional es también un factor relevante. Las instituciones académicas y de investigación tienen a ser más burocráticas, entre otras razones por que reciben apoyo de fondos públicos y por ende son sujetas a reglamentaciones poco flexibles. En alguna manera, su libertad de maniobra está limitada por lo que establece la ley mientras que, en contraste, el actor privado la flexibilidad es máxima, sólo acotada por lo que la ley prohíbe expresamente. En contraste, el financiamiento de las labores de investigación y desarrollo tecnológico está menos sujeto a criterios de rentabilidad económica como sucede en las empresas. Otro factor, menos tangible pero igualmente evidente, surge de la dinámica organizacional y competencia interna que en el caso de las empresas es más fácilmente manejable por su estructura de autoridad claramente definida.

Diferencias en expectativas – Para lograr un buen acuerdo, es necesario encontrar una coincidencia en expectativas que permita la mutua ganancia. Las diferencias señaladas anteriormente vuelven difícil encontrar este punto común y en ocasiones se cae en acuerdos frágiles ya que se logran en base a interpretaciones divergentes de los resultados esperados. Adicionalmente, lo que está en juego para cada una de las partes no necesariamente se mide con las mismas unidades. Para la empresa, en el fondo el resultado debe verse reflejado en términos económicos, aunque indudablemente deberá pasarse por un impacto positivo para los clientes y la comunidad. Para el investigador, el impacto económico personal es sólo una variable a considerar, pero se involucran otras tales como el reconocimiento de sus colegas y de la comunidad científica, y el avance en sus propios programas de investigación. Las consecuencias en caso de un fracaso también son diferentes. Para la empresa representa una pérdida que en ocasiones puede ser determinante para su futuro, mientras que para el científico puede quedar sólo en una oportunidad perdida y un tiempo por recuperar.

Modelo emprendedor

Una solución directa a este aprieto está en buscar un acercamiento propiciando cambios estructurales y culturales en ambas posiciones. La fórmula es transparente: desarrollar el espíritu innovador en el empresario y desarrollar el espíritu emprendedor en el investigador. En los Estados Unidos se lograron resultados significativos con un cambio legal en los 80’s que permite que universidades e investigadores participen de los beneficios de nuevas tecnologías desarrolladas con fondos públicos. En México en el 2009 se modificó en forma similar la Ley de Ciencia y Tecnología. Esto ha dado pié a nuevos mecanismos de comercialización de nuevas tecnologías a través de empresas en el que predomina el capital privado. Se ha despertado amplio interés y las expectativas de resultados son altas. Dependerá ahora del compromiso con la acción.

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