La Cumbre de Chile y el futuro de la cooperación académica y científica entre la Unión Europea y América Latina

Por Carlos Alberto Vigil Taquechel

La próxima Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, América Latina y el Caribe que inicialmente estaba prevista para el próximo mes de junio terminará teniendo lugar los días 26 y 27 de enero de 2013 y aunque su retraso se ha achacado esencialmente a problemas de agenda no debe escapársenos la conveniencia para ambos bloques de este reajuste de fechas en la realización de una cumbre que podría marcar un punto de inflexión en las relaciones birregionales.

A mi juicio estos siete meses confieren a la UE y sus estados miembros un período de gracia para ver los progresos que pueden hacerse en el combate a los efectos de la crisis y al mismo tiempo definir mejor las posiciones en cuanto a las políticas que marcarán la ruta de sus relaciones internacionales a escala global y específicamente con América Latina en los próximos años, incluyendo el controvertido debate sobre la cooperación al desarrollo que en este momento tiene lugar en el seno de las instituciones europeas y las cancillerías de sus estados miembros. Para América Latina representa, sin dudas, una oportunidad de continuar trabajando en profundizar y consolidar el proceso de integración en el que la región está inmersa y que ha encontrado su mejor expresión en la fundación y puesta en marcha de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). No resulta casual que la VII Cumbre entre los mandatarios de ambas regiones se denomine oficialmente I Cumbre CELAC-UE y coincida con la segunda reunión al más alto nivel de esta organización latinoamericana.

Considerando estos elementos, resulta a todas luces positivo este reacomodo en la agenda de la cumbre ya que ambos bloques tendrán la posibilidad de disponer de más tiempo para madurar las estrategias y pautas negociadoras que asumirán en un momento crucial en el que deberán definir de conjunto el marco estratégico de cooperación entre las dos regiones para el período 2014-2020, que quedará recogido posteriormente en los documentos de estrategia regional, subregional y de países.

Un marco propicio para la reingeniería

Comenzando el análisis por las formas, habría que destacar que desde el punto de vista administrativo la cumbre chilena será la primera en la que exista una coherente simetría geográfica entre ambos bloques, lo que posibilitará el desarrollo del proceso negociador.  No ha sido un secreto durante todos estos años, desde el propio inicio de las cumbres, que uno de los principales lastres del dialogo birregional se ha encontrado en la ausencia de una institución latinoamericana que funcione como interlocutora de las instituciones europeas. La apuesta en la CELAC como institución de carácter regional que aglutina a todos los estados latinoamericanos y caribeños abre una puerta de interlocución que parece viable y deberá consolidarse paulatinamente en ese rol de manera efectiva. Del mismo modo se debe resaltar que como parte de los cambios implementados en la Comisión Europea (CE) con la creación del servicio europeo de acción externa, aprobado por el Tratado de Lisboa, se ha producido una reorganización de la estructura de EuropeAid en la que a la dirección responsable por la cooperación con América Latina se le ha atribuido también la región del Caribe. [EuropeAid. Dirección G para América Latina y Caribe].

El análisis del panorama actual podría resumirse en un conjunto de situaciones que, valoradas de forma concatenada, afloran la necesidad de una reingeniería en la edificación del proceso de construcción de la asociación estratégica entre las dos regiones. Las características más significativas del nuevo contexto se pueden sintetizar en los siguientes puntos:

  • como consecuencia del impacto negativo de la crisis económica que atraviesan los países de la zona euro y las medidas de austeridad aplicadas por la mayoría de los gobiernos europeos, la CE propone reducir el monto destinado a los instrumentos de cooperación y los estados miembros disminuirán el monto de la ayuda oficial al desarrollo,
  • la irrupción vertiginosa en la dinámica económica, política, comercial y financiera de América Latina de un grupo de países emergentes como China, India y Rusia ha resentido la capacidad de intervención de Europa en Latinoamérica, lo que deberá conducir a la UE a replantearse su estrategia hacia América Latina y explorar nuevos mecanismos que dinamicen su presencia y estatus de aliado estratégico de primer orden para los países del continente latinoamericano,
  • la consolidación de un proceso de integración regional, especialmente de carácter político, impulsado por el liderazgo de una nueva potencia de dimensión global como Brasil y la pujanza de algunas potencias de alcance regional como México, Argentina, Chile, Colombia, Perú y Venezuela está abriendo un espacio al bloque latinoamericano en la nueva arquitectura mundial y obligará a la UE a asumir una posición en la que AL se convierta en un válido interlocutor político y un estratégico socio económico y comercial.

Por tanto, si considerásemos estos tres factores se podría vislumbrar un panorama futuro de cooperación en el que será necesario canalizar de forma efectiva los fondos destinados a la región colocándolos en función de aquellos sectores clave para impulsar el desarrollo socio-económico y tecnológico de Latinoamérica y al mismo tiempo comenzar un proceso de identificación de todos aquellos espacios en los que acciones de cooperación sur-sur de carácter intrarregional o de cooperación triangular puedan ser efectivos, con el preconcebido valor agregado de contribuir al reforzamiento de la integración regional latinoamericana. Incluso, no sería descabellado concebir la posibilidad de crear algunos instrumentos de cooperación birregional en el que la financiación de los mismos pueda ser compartida.

Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, una prioridad impostergable

Son muchos los ámbitos en los que es necesario trabajar pero tal vez no exista ninguno más relevante y decisivo para el futuro de América Latina – y por consiguiente de la sostenibilidad de la asociación estratégica birregional con la UE – que invertir en el fomento de un modelo de desarrollo que descanse en los pilares de una economía del conocimiento.

En esos términos ya se habían pronunciado los mandatarios de ambas regiones durante la anterior Cumbre de Madrid 2010, en la que plasmaban en la declaración que la ayuda oficial al desarrollo en el contexto birregional tiene que concentrarse en sectores clave para el desarrollo regional de América Latina, constituyendo ámbitos de primerísimo orden en este contexto el fomento de acciones en materia de educación superior, ciencia, investigación, innovación y tecnología.

No obstante, no son muchos los progresos que se han logrado hasta ahora, por lo que en Chile será un imperativo trazar nuevas estrategias aprovechando que ambos bloques estarán debatiendo los instrumentos de cooperación hasta el año 2020, lo que da cierto margen para una planificación más estratégica y a mediano plazo.

Especial responsabilidad en la concertación de intereses y prioridades y en la preparación de un programa efectivo tendrá el gobierno chileno que deberá aprovechar al máximo la capacidad negociadora que le confiere el presidir el bloque latinoamericano y caribeño en el diálogo birregional con la UE y al mismo tiempo ostentar la presidencia pro tempore de la CELAC. De momento, las señales enviadas por el gobierno del presidente Sebastián Piñera son alentadoras e indican que estos temas deberán estar en el centro de la agenda de la próxima cumbre.

Una primera señal fue dada cuando en el marco de la primera reunión de la troika de la CELAC se informó que entre las áreas priorizadas de la organización para 2012 se había incluido el impulsar la integración en educación, ciencia y tecnología. De igual forma, la Universidad de Concepción acoge por estos días la segunda reunión sectorial de altos funcionarios de ciencia y tecnología de ambas regiones, que sirve de preámbulo a los trabajos de la cumbre. Especial destaque merece una iniciativa de la cancillería chilena para celebrar paralelamente a la reunión de los mandatarios una “Cumbre Académica ALCUE” como una forma de promover la participación activa de las universidades en el proceso de asociación estratégica. Una iniciativa de esta magnitud deberá contar con un amplio respaldo de instituciones y asociaciones de educación superior tanto en Europa como en América Latina y debería servir de plataforma de lanzamiento para avanzar con más dinamismo en la construcción del Espacio ALCUE del conocimiento.

Principales focos de atención para promover el Espacio ALCUE del conocimiento

Me gustaría delinear los ámbitos esenciales que a mi criterio deberían constituir el eje de los programas e instrumentos de cooperación para construir los cimientos de una asociación estratégica sólida y sostenible que tenga como principio básico economías de conocimiento.

1) Programa amplio de becas para formación universitaria de grado y postgrado

Latinoamérica es una de las regiones que más bajos índices exhibe de movilidad estudiantil, tanto a nivel intrarregional como hacia otras regiones del mundo y al mismo tiempo sus universidades tampoco destacan por el número de estudiantes extranjeros que frecuentan sus cursos.  En el caso específico del flujo de intercambio con universidades europeas, es evidente que con el fin de la ejecución del Programa ALBAN (2003-2010) se contrajo considerablemente el abanico de posibilidades para que estudiantes latinoamericanos pudiesen beneficiarse de las excelentes oportunidades de formación que ofrece el sistema universitario europeo. La Acción 2 del Programa Erasmus Mundus (antes conocida como EM-Ventana de Cooperación Exterior) ha tratado de suplir ese vacío en materia de formación universitaria pero considerando su alcance y diseño es evidente que no tiene la capacidad de responder a la enorme demanda y necesidades que existen en AL.

Se hace por tanto necesario considerar la viabilidad de poner en marcha un programa que promueva la movilidad de estudiantes de grado y postgrado entre las propias universidades de América Latina y entre estas y las universidades de la UE, incluyendo la movilidad de estudiantes europeos a universidades latinoamericanas, como una forma de contribuir a la internacionalización de las Instituciones de Educación Superior (IES) de la región y a la generación de un escenario favorable para la introducción de mejoras en los sistemas y programas de estudios universitarios. Especialmente en el caso de los estudios de maestría y doctorado, un programa de estas características deberá estar abierto a todos los profesionales interesados en desarrollar estudios de postgrado, estén o no vinculados a una IES, aunque será importante que la estructura del programa permita capitalizar como valor agregado la construcción de vínculos sostenibles entre las instituciones, que a su vez constituyan base de futuras acciones de cooperación en otros ámbitos de las relaciones birregionales, aspecto que a mi juicio constituyó una de las principales deficiencias del Programa ALBAN.

2) Programa multisectorial de cooperación birregional en ciencia y tecnología

A pesar de que las universidades constituyen el núcleo fundamental del potencial científico y tecnológico de América Latina es indiscutible que la investigación es el área de mayor debilidad en la estructura de las IES de la región. El bajo número de profesores e investigadores con grado de doctor, el escaso número de publicaciones en las principales revistas científicas de prestigio internacional, el limitado registro de patentes derivados del trabajo universitario o el reducido número de spin-off y start-up gestados desde las universidades latinoamericanas constituyen el mejor testimonio de la fragilidad de un sistema en el que solamente alrededor del 2% de las IES podría clasificarse de carácter investigativa atendiendo al volumen de su producción científica. A tono con esta realidad no resulta sorprendente que el nivel de intercambio científico entre las dos regiones sea muy limitado y que la participación de entidades latinoamericanas en el Séptimo Programa Marco de Investigación y Desarrollo diste mucho de la que exhiben otras regiones.

Consecuentemente, de caras al período 2014-2020, y al margen de que finalmente la CE decida abrir completamente el nuevo programa marco de investigación [Horizonte 2020] a la participación internacional considero de extraordinaria importancia que ambos bloques concordasen en la creación de un programa en el que interactúen universidades, centros de investigaciones, empresas y asociaciones universitarias y empresariales y que tenga como objetivo fundamental el impulso a la cooperación en investigación e innovación y el reforzamiento de las capacidades e infraestructuras científicas y tecnológicas, así como el fomento de procesos de transferencia de conocimiento y tecnología al sector productivo y el afianzamiento de una cultura emprendedora promovida desde las universidades.

Un programa de estas características podría ser diseñado siguiendo los moldes del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED) que, obviamente a una escala más modesta, ha fomentado la cooperación científica aplicada, la innovación y el desarrollo tecnológico como formas para encontrar soluciones viables y sostenibles a acuciantes problemas de las sociedades iberoamericanas y que ha sido una plataforma eficiente para acercar a las universidades y empresas de la región. Otra excelente referencia estará, sin dudas, en la propia sede de la cumbre en la que los mandatarios podrían apreciar en calidad de buena práctica el excelente trabajo que el gobierno de Chile ha realizado a través de la ejecución del Programa Start-up Chile que pretende erigir al país en uno de los principales polos de innovación y emprendimiento en AL.

No albergo ninguna duda sobre el impacto positivo que tendría un programa de estas características en el impulso de una cultura emprendedora y un modelo sostenible de economía del conocimiento, al margen de los beneficios que podría generar como dinamizador de políticas de integración regional y asociación estratégica birregional que conduzcan al nacimiento, fomento y desarrollo de empresas que sean una plataforma para cooperar en sectores vitales de las economías de ambas regiones, generando empleos, atrayendo a recursos humanos cualificados y promoviendo alianzas sostenibles a nivel sectorial, regional e internacional.

Conclusiones

He esbozado a grandes rasgos los dos ámbitos que considero de primerísimo orden, lo que no está reñido con una visión favorable sobre la continuidad y profundización de otros programas que han demostrado su valía y pertinencia, como es el caso de ALFA, @LIS o AL-INVEST por sólo mencionar a los que guardan relación con la educación superior, la ciencia y tecnología o el fomento de una cultura empresarial.

No obstante, sería ingenuo pensar que se pueden crear nuevos programas o ampliar los ya existentes cuando se sabe de antemano que los fondos de ayuda al desarrollo para América Latina tendrán que ser reducidos, tanto en el ámbito de los programas regionales como a nivel de país, especialmente para aquellos con mayor nivel de desarrollo que clasifican como países de renta media.

En ese contexto es natural que algunos países de América Latina vean modificado su estatus de interlocución con la UE y adquieran mayor protagonismo como socios económicos y comerciales, lo que les permitiría impulsar en el marco de las relaciones birregionales un grupo de nuevas iniciativas en el que la cooperación sur-sur, triangular o algunos instrumentos de cooperación con responsabilidad financiera compartida puedan ser viables.

De alguna forma, estos temas ya aparecen en la agenda birregional como se apreció en la visita realizada a Brasil a inicios de febrero por la Alta Representante para las Relaciones Exteriores de la UE, Catherine Ashton, en la que se abordó el establecimiento de alianzas para impulsar movilidades académicas y cooperación trilateral en beneficio de otros países en desarrollo de la región.  Brasil, secundado por los países latinoamericanos de mejor situación económica deberán obrar esta transformación, su presidenta marcaba las pautas durante el Foro Social Mundial 2012: “Somos un país más justo, más desarrollado, más respetado. Un país que convive armónicamente y quiere construir con los países de América del Sur, América Central y el Caribe un polo de desarrollo para el mundo”.

Carlos Alberto Vigil Taquechel nació en La Habana en 1968. Ciudadano cubano y portugués. Formado en Relaciones Internacionales, cuenta con más de 20 años de experiencia profesional en los que se ha especializado en las relaciones bilaterales entre América Latina y la Unión Europea. A lo largo de su vida profesional ha desempeñado diferentes responsabilidades en la coordinación de Programas y Proyectos de Cooperación Internacional en el ámbito de la educación superior y la investigación científica. Para leer otros artículos de este autor visite su blog “El camino empedrado de la excelencia” http://cavtaquechel.blogspot.pt/ 

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