Fuenteovejuna y la clusterización: responsabilidad de todos, responsabilidad de nadie.

“¿Quién mató al comendador?, Fuente Ovejuna, señor”. Esta frase de la obra de Lope de Vega ha sido utilizada innumerables veces para resaltar la fuerza de la responsabilidad compartida. La unión por un propósito común y sobre todo la asunción de las tareas y las consecuencias correspondientes por parte de cada uno de los miembros de un grupo indudablemente lleva a resultados significativos.

Pero cuando sólo se adopta la forma y no el fondo, el resultado es totalmente opuesto. Conduce a la inmovilidad y a la dependencia basada en el supuesto que alguien más hará el trabajo. Este es un riesgo importante en todo proceso grupal, y los clusters no son la excepción.

Hace unas semanas me tocó asistir a una conferencia donde se resaltaba este efecto en un tema relacionado. La intervención, a cargo del Dr. Rubén Beltrán del Río, se titulaba “Autocalidad: Hablemos de la calidad en primera persona”. Nos proporcionó algunos datos interesantes. Trabajando en diferentes empresas embarcadas en programas de calidad, una encuesta en que se preguntaba quién es el responsable de la calidad arrojó que sólo el 5% respondía “yo/nosotros”. Un 3% respondió “tú/ustedes”, pero un 92% respondió “él/ella/ellos”. ¿Qué resultados pueden obtenerse en estas condiciones?.

No he hecho un ejercicio formal similar en grupos trabajando en esquemas de clusters, pero la observación me lleva a concluir que la situación más común no está muy distante. En estas circunstancias la labor del líder se vuelve fundamental para mantener la dinámica del proceso y la efectividad de las acciones. Pero no es la labor de un supervisor que vigila estrechamente que cada quien haga lo que le corresponde. Ésta sería una tarea imposible de sostener en el largo plazo además de limitar el alcance en el corto plazo. Por el contrario, lo que hace falta es la labor del verdadero líder que motiva en forma individual y grupal y que busca la transformación de actitudes en pos de desarrollar esa responsabilidad personal, elemento base de la responsabilidad compartida.

Esto me trae a la mente una anécdota atribuida a Tom Lasorda, legendario coach del equipo de béisbol Dodgers de los Ángeles. De acuerdo a ésta, Lasorda siempre ponía a los nuevos jugadores ante una situación hipotética en que, en una situación crítica, defendían el campo ante el bateador rival más poderoso. Lasorda decía que, ante una situación así, el jugador común esperaba con todo su corazón que la pelota se dirigiera al área defendida por algún otro de sus compañeros, mientras que el triunfador rogaba que le tocara a él ser quien atrapara el tiro amenazador.

Y he aquí la pregunta clave: ¿estamos listos para asumir nuestra responsabilidad y para actuar con decisión? ¿ó esperamos que alguien más lo haga por nosotros?

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