El Diseño de los Sistemas Regionales de Innovación (SRI)

De nuevo nos visita Leonardo Souza con un tema favorito y de gran actualidad. Aprovechamos para invitar contribuciones sobre como se está impulsando la innovación en los diferentes países de nuestra América Latina. Los esperamos.

En México es reciente el tema de la innovación como prioridad para el desarrollo económico, la competitividad  y la creación de mejores espacios laborales.  Algunos estados hace pocos años no contaban con la figura del consejo estatal de innovación y asimismo el tema tampoco formaba parte de los planes estatales de desarrollo. Hoy la innovación se encuentra en las agendas políticas de los temas nacionales y a nivel federal hay un espíritu generalizado de impulsar esfuerzos en esta materia. Sin embargo, la novedad del tema sorprende a muchos encargados de la política industrial, científica y empresarial, quienes a pesar de la escasez de  referentes en las políticas públicas  y en muchas universidades intentan impulsar la innovación en los territorios.

Esta tarea tan loable, en aras de florecer requiere de la debida reflexión sobre otras experiencias a nivel mundial, las cuales deben incluir las buenas prácticas de países avanzados, pero también una comprensión de los casos en países como el nuestro donde la innovación cobra formas particulares. De esta manera podemos evitar los diseños menos efectivos y el empleo de recursos escasos en iniciativas  de poco impacto.

Entre los conceptos más utilizados en México se encuentra el del Sistema Regional de Innovación, el cual tiene algunas ventajas; entiende el fenómeno como algo sistémico donde varios actores (gobierno, sistema productivo, organismos financieros, universidades, oficinas de patentes, etc) juegan un papel especifico pero dentro de una participación coordinada.  Se entiende que debe ser un espacio donde se crean un entorno favorable para la innovación, con políticas e incentivos que induzcan comportamientos como el asociacionismo, la cooperación, el riesgo medido, la transferencia de conocimiento y tecnologías entre otros. Es decir hablamos de una nueva forma de organizar la economía de una región.

Como en muchos casos lo difícil de un concepto o idea es su aplicación en la realidad. En México el SRI aun tiene retos importantes, algunos derivados de la propia concepción del concepto. Es decir se piensa que la innovación es un apéndice o tarea agregada del sistema de educación, otros lo ven como un agregado de la promoción industrial. Cuando en realidad no puede verse como una parte destinada a ensamblarse dentro de un conjunto de instituciones, sino como la restructuración misma  de instituciones, tanto ya establecidas como nuevas que se integran en una lógica diferente donde la innovación es la finalidad común.

La innovación bien lo pensaba Schumpeter cambia  las tecnologías y las empresas de forma radical, pero más que eso modifica la estructura de relaciones de toda una economía, incluidas las instituciones que operan en ella.  En nuestros países latinoamericanos el sistema regional de innovación necesita enfocarse a tecnologías emergentes (nanotecnología y biotecnología) que serán la fuente de riqueza para los próximos años, tal y como lo han sido el automóvil o las computadoras en el último siglo.

Pero aunado a eso, debemos recordar que este sistema de instituciones también debe tener metas menos destellante pero igualmente trascendentes, como es la búsqueda del aprendizaje continuo en las empresas, buscar la colaboración con otros organismos que complementen sus capacidades, competir empleando conocimiento y no tan solo costos bajos, pues de esta forma se crean los empleos de científicos, tecnólogos y profesionistas con posgrados; que ahora y en adelante serán a nivel mundial el núcleo laboral del siglo XXI.

Esto solo puede lograrse con un diseño multi-institucional y un cambio en el paradigma de cómo operan las economías modernas, de lo contrario los esfuerzos seguirán siendo poco representativos. Los estados tendrán grandes científicos y centros de investigación con un gran potencial, pero desaprovechándose al  derramar poco conocimiento y tecnologías al sistema productivo, mientras las empresas seguirán sin demandar investigación y desarrollo al no encontrar el espacio propicio para invertir en un asunto de riesgo e incertidumbre como la innovación.

Algo  completamente comprensible, pues recordemos que el sistema de instituciones como opera en la actualidad no está diseñado para la innovación sino para una economía tradicional,  un modelo que debemos  repensar y reajustar  en orden de insertarnos en un futuro cercano en la economía del conocimiento.

Saludos y Felices Fiestas!!

Leonardo Souza

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