Con motivo del 3CLAC, en mayo de 2008 tuvimos la visita a Chihuahua de unos buenos amigos del País Vasco. En una sesión al final de su estadía, les preguntábamos acerca de la imagen de México y de Chihuahua. Sobre México su respuesta fue breve y preocupante: «más de lo mismo», pues aducían que utiliza nuestro país los mismos elementos de colores y sol que muchos otros. Respecto a Chihuahua tampoco nos quedamos tranquilos, pues nos encontraban como algo diferente, sin poder precisar en que consistía esta diferencia. Definitivamente lo que ellos encontraron en Chihuahua era inesperado, una noticia con claroscuros, pues fue satisfactorio el haberlos ‘sorprendido’ favorablemente, pero esto a la vez hablaba de una mala estrategia de promoción.
Con esta inquietud aún viva, nos permitimos compartir este artículo de la sección internacional de El País, con reflexiones interesantes sobre los retos que representa para México (y otros países) el modificar o construir la marca-país.
EL PAÍS
Calderón apela a un experto británico para cambiar la imagen de México
Inés Santaeulalia
El partido que juegan desde hace años Brasil y México por el liderazgo de América Latina se ha convertido en la última década en una goleada del gigante sudamericano. México mira desde arriba, solo geográficamente hablando, cómo sus vecinos del sur asombran al mundo y se mueven entre los grandes. ¿Y cómo vendo yo mi país? Algo parecido debió de preguntarse el presidente mexicano, Felipe Calderón, acorralado en su mandato por la guerra que libra con el narcotráfico. La respuesta quiso comprarla en el exterior. En 2010 contrató a un asesor político británico que jamás había puesto un pie en el país norteamericano.
Simon Anholt se trasladó durante cinco meses a México después de varias visitas y, precisamente fuera de sus fronteras, encontró una de las claves para explicar la «débil» reputación del país. «La identidad de México en todo el mundo ha estado muy determinada por la forma en que Estados Unidos la ha presentado. La imagen que se da en las películas o en la televisión estadounidense no es ni precisa y ni halagadora», dice el experto por correo electrónico.
Prueba de que la imagen de México es la que ha pintado, en gran parte, EE UU se descubre hasta en lo que en principio puede resultar más insignificante. Cualquier extranjero que se come una fajita lo hace convencido de que engulle uno de los platos más típicos de México, sin saber que un nacional nunca la incluiría entre su gastronomía. La fajita forma parte del menú tex-mex, popularizado por los mexicanos que emigraron a Estados Unidos y fruto de la unión de ambas culturas.
«La imagen que Estados Unidos da de México no es ni precisa ni halagadora»
«Este es el momento de México para presentarse correcta y directamente al resto del mundo», sostiene Anholt, que alerta de que no existen fórmulas milagrosas ni rápidas. Tras la experiencia de haber asesorado a más 40 países como Chile, Tanzania, Irlanda, Canadá o China, el británico asegura que «un país no es como un detergente o un teléfono móvil que se vende a un consumidor. En los últimos 20 años he demostrado esta regla básica: ningún país ha logrado mejorar su imagen solo con decirle al mundo lo maravilloso que es».
Descartada la propaganda y la publicidad, el asesor cree que México debe ser reconocido, además de como un «tesoro mundial por su patrimonio cultural, su gente, su gastronomía, su música, sus paisajes y quizás algún día por sus productos y servicios (…), por su contribución a la humanidad en la lucha contra problemas como la corrupción, la justicia, la violencia, el narcotráfico, la pobreza y el cambio climático». «Esos son los temas que interesan a todo el mundo», añade.
El flujo de noticias sobre la violencia y el narcotráfico es una prueba de ello. Las informaciones sobre este tema superan en número a las que tratan cualquier otro aspecto del país. Anholt, sin embargo, sostiene que aunque «el impacto ahora es serio, es poco probable que cause daños a largo plazo». «El público no castiga a los países por tener problemas
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En todos los grupos de personas se presentan conflictos. Ésta no es una generalización arriesgada, es algo natural y esperado. Grandes o pequeños, frecuentes o esporádicos, los conflictos se presentan principalmente por problemas de comunicación y la comunicación es el principal reto de la humanidad. Inclusive los conflictos de intereses son también, al final de cuentas, un problema de comunicación, una falla al definir los objetivos comunes que dan sentido a un equipo de trabajo.
Todo proceso de clusterización es un proceso de aprendizaje. Aprenden por un lado los líderes una nueva manera de promover el desarrollo regional en base a la colaboración, el planteamiento estratégico, la anticipación y el involucramiento de todos los actores interesados. Aprenden los empresarios el concepto de “coopetencia” (cooperación con sus competidores locales) y a asumir nuevos niveles de responsabilidad por su entorno. El sector laboral ve con nuevos ojos su rol en la mejora de la productividad individual y colectiva. El sector académico por su parte encuentra nuevas y mejores maneras de vincularse con el sector productivo, asumiendo un papel más activo y directo en el desarrollo local. Pero, ¿y la comunidad, qué aprende?
Hace tiempo que Alonso me viene sugiriendo que escriba en este blog y colabore en nuestra tarea común de “evangelizar” sobre los clusters y movilizar fuerzas por aquí y por allá, en este caso en todo Latinoamérica ¡ahí es nada! Así que aprovecho que puedo escribir en mi lengua materna (tan acostumbrada al inglés en TCI) y que me siento como en casa, para compartir con vosotros una historia personal, de esas de familia.
El 18 de julio de 2009 terminó en Medellín (Colombia) el diplomado Estrategia de Desarrollo y Competitividad basada en Cluster, dictado exclusivamente a periodistas de la región cuya especialización es el cubrimiento informativo de temas económicos.
El diplomado fue liderado y financiado por la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia
Cuantas veces, por no crearnos un conflicto personal, preferimos quedarnos callados o cuando mucho apenas llegamos a comentar nuestra discrepancia con un tercero. Ésta es una de las razones de la pobre comunicación que nos caracteriza en las relaciones personales, en los negocios y con los gobiernos. Este miedo a confrontar y a defender nuestros puntos de vista nos lleva a aceptar a personas, situaciones y decisiones que bien sabemos no llevarán a nada bueno.
Marco de Referencia
Mi educación formal fue en el campo de la ingeniería química hace ya un buen número de años. Aprendimos muchas fórmulas y conceptos que he aplicado a lo largo del tiempo en ese y otros campos muy diversos. Sin embargo, poco se nos enseñó sobre un tema que el tiempo me ha demostrado ser la fuente de la gran mayoría de nuestros problemas: la comunicación. La experiencia e intercambios con amigos me han llevado a concebir una solución en términos de responder una secuencia de 6 reacciones expresadas por nuestro interlocutor (qué bien podría ser el objetivo de la publicidad de nuestro producto):